Áreas de intervención en psicología infantil y adolescente

Ansiedad infantil

La ansiedad en la infancia y adolescencia puede afectar profundamente el bienestar y la confianza. Mi misión es ayudar a los niños y adolescentes a comprender sus emociones, recuperar la calma y fortalecer su seguridad en un entorno de confianza.

Autismo (TEA)

Cada niño con TEA tiene un mundo interior único que merece ser comprendido y acompañado. Mi objetivo es ayudarle a potenciar sus capacidades y mejorar su relación con el entorno, siempre desde un enfoque respetuoso y personalizado.

Autoestima

La autoestima no es “quererse más” ni repetir frases positivas. En niños y adolescentes, la inseguridad aparece cuando no saben cómo interpretar lo que sienten, cómo relacionarse con los demás, o cuando se comparan constantemente. Muchos menores viven con una mirada interna demasiado crítica. Y esa voz interior —aunque no lo parezca— pesa muchísimo.

Dificultades sociales

Las habilidades sociales no son simplemente “ser sociable”. Son un conjunto de capacidades que permiten a un niño o adolescente: relacionarse, comunicar lo que siente, resolver conflictos, defender sus límites y leer las señales del entorno. Cuando estas habilidades no están bien desarrolladas, el menor puede sentirse desplazado, incómodo o inseguro en situaciones sociales. Y eso duele más de lo que los adultos imaginan.

Emociones intensas

Muchos niños y adolescentes sienten emociones muy fuertes pero no saben explicarlas. Lo expresan con llanto, silencio, irritabilidad, bloqueo o cambios en su conducta habitual.

Enfado

El enfado adolescente no es simplemente “rebeldía”. Tampoco es una falta de educación. Y no es una etapa que haya que “aguantar”. En muchos casos, la irritabilidad es una señal de sobrecarga emocional, inseguridad, frustración, ansiedad, cansancio acumulado, dificultad para expresar lo que sienten… o una mezcla de todo. El adolescente no sabe cómo sacar lo que lleva dentro, y la vía más rápida y automática suele ser el enfado. No es mala intención. Es desregulación emocional.

Estrés académico

Cuando un niño o adolescente “no puede con el estudio”, rara vez es un problema de capacidad. Casi siempre es un problema de emoción. La ansiedad, el perfeccionismo, el miedo al error o la sensación de “no soy suficiente” bloquean la mente. Y desde ahí… estudiar se vuelve una montaña imposible.

Fobias

Las fobias pueden limitar la vida de los niños y generar mucho sufrimiento. Con el acompañamiento adecuado, es posible superar esos miedos y recuperar la seguridad para disfrutar de su día a día.

Miedos

Muchos menores sienten miedo, presión interna o preocupación constante… pero no saben explicarlo. Solo saben que algo “les hace ruido por dentro”. Y lo muestran como pueden.

Orientación y acompañamiento a familias

Muchos menores sienten miedo, presión interna o preocupación constante… pero no saben explicarlo. Solo saben que algo “les hace ruido por dentro”. Y lo muestran como pueden.

Rabietas

Las rabietas son parte natural del desarrollo infantil, pero cuando son frecuentes o intensas pueden generar mucho desgaste emocional. Mi trabajo en Canarias se centra en ayudar a las familias a entender y acompañar estas emociones, fortaleciendo el vínculo y creando un ambiente de calma y comprensión.

Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

Criar no trae manual. Y cuando un niño o adolescente atraviesa una dificultad emocional, los padres suelen vivirlo con: miedo a equivocarse, dudas constantes, sensación de no llegar, discusiones repetidas, inseguridad, confusión entre “apoyar” y “sobreproteger”, estrés y desgaste emocional.

Trastorno Negativista Desafiante (TND)

Las conductas desafiantes pueden ser un gran reto para cualquier familia. Comprender lo que hay detrás de estas actitudes es clave para lograr un cambio positivo y fortalecer el vínculo con el niño. Desde mi consulta en Canarias, acompaño a las familias para transformar el día a día en un ambiente más armonioso.

Tristeza, apatía y bajo estado de ánimo

La tristeza en niños y adolescentes no siempre se expresa llorando. A veces aparece como apatía, cansancio, falta de motivación, irritabilidad o desconexión. Muchos menores viven un malestar emocional sostenido, pero no saben ponerle nombre. Lo sienten como un peso interno difícil de explicar. No es “pereza”. No es “flojera”. No es “que está en esa edad”. Es una señal emocional que merece ser escuchada.

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